martes, 28 de septiembre de 2010

Autores. Clase 22 de septiembre

Jorge Luis Borges


El 24 de agosto de 1899, a los ocho meses de gestación, nace en Buenos Aires Jorge Luis Borges en casa de Isidoro Acevedo, su abuelo paterno. Es bilingüe desde su infancia y aprenderá a leer en inglés antes que en castellano por influencia de su abuela materna de origen inglés.

Georgie, como es llamado en casa, tenía apenas seis años cuando dijo a su padre que quería ser escritor. A los siete años escribe en inglés un resumen de la mitología griega; a los ocho, La visera fatal, inspirado en un episodio del Quijote; a los nueve traduce del inglés "El príncipe feliz" de Oscar Wilde.

En 1914, y debido a su ceguera casi total, el padre se jubila y decide pasar una temporada con la familia en Europa. Debido a la guerra, se instalan en Ginebra donde Gerorgie escribirá algunos poemas en francés mientras estudia el bachillerato (1914-1918). Su primera publicación registrada es una reseña de tres libros españoles escrita en francés para ser publicada en un periódico ginebrino. Pronto empezará a publicar poemas y manifiestos en la prensa literaria de España, donde reside desde 1919 hasta 1921, año en que los Borges regresan a Buenos Aires. El joven poeta redescubre su ciudad natal, sobre todo los suburbios del Sur, poblados de compadritos. Empieza a escribir poemas sobre este descubrimiento(1), publicando su primer libro de poemas, Fervor de Buenos Aires (1923). Instalado definitivamente en su ciudad natal a partir de 1924, publicará algunas revistas literarias y con dos libros más, Luna de enfrente e Inquisiciones, establecerá ya en 1925 su reputación de jefe de la más joven vanguardia.

En los treinta años siguientes, Georgie se transforma en Borges; es decir: en uno de los más brillantes y más polémicos escritores de nuestra América. Cansado del ultraísmo (escuela experimental de poesía que se desarrolló a partir del cubismo y futurismo) que él mismo había traído de España, intenta fundar un nuevo tipo de regionalismo, enraizado en una perspectiva metafísica de la realidad. Escribe cuentos y poemas sobre el suburbio porteño, sobre el tango, sobre fatales peleas de cuchillo ("Hombre de la esquina rosada" (2),"El Puñal"(3)). Pronto se cansará también de este ismo y empezará a especular por escrito sobre la narrativa fantástica o mágica, hasta punto de producir durante dos décadas, 1930-1950, algunas de las más extraordinarias ficciones de este siglo (4) (Historia universal de la infamia,1935; Ficciones, 1935-1944; El Aleph, 1949; entre otros).

En 1961 comparte con Samuel Beckett el Premio Formentor otorgado por el Congreso Internacional de Editores, y que será el comienzo de su reputación en todo el mundo occidental. Recibirá luego el título de Commendatore por el gobierno italiano, el de Comandante de la Orden de las Letras y Artes por el gobierno francés, la Insignia de Caballero de la Orden del Imperio Británico y el Premio Cervantes, entre otros numerosísimos premios y títulos.

Una encuesta mundial publicada en 1970 por el Corriere della Sera revela que Borges obtiene allí más votos como candidato al Premio Nobel que Solzhenitsyn, a quien la Academia Sueca distinguirá ese año.

El 27 de Marzo de 1983 publica en el diario La Nación de Buenos Aires el relato "Agosto 25, 1983", en que profetiza su suicidio para esa fecha exacta. Preguntado tiempo más tarde sobre por qué no se había suicidado en la fecha anunciada, contesta lisamente: "Por cobardía". Ese mismo año la Academia sueca otorga el Premio Nobel a William Golding; uno de los académicos denuncia la mediocridad de la elección. Todos siguen preguntándose por qué Borges es sistemáticamente soslayado. El premio a Golding parece dar la razón a los que dudan de que los académicos suecos sepan realmente leer.

Jorge Luis Borges murió en Ginebra el 14 de junio de 1986.

http://www.literatura.org/Borges/



LA NOCHE CÍCLICA

Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras:

los astros y los hombres vuelven cíclicamente;

los átomos fatales repetirán la urgente

Afrodita de oro, los tebanos, las ágoras.

En edades futuras oprimirá el centauro

con el casco solípedo el pecho del lapita;

cuando Roma sea polvo, gemirá en la infinita

noche de su palacio fétido el minotauro.

Volverá toda noche de insomnio: minuciosa.

La mano que esto escribe renacerá del mismo

vientre. Férreos ejércitos construirán el abismo.

(David Hume de Edimburgo dijo la misma cosa).

No sé si volveremos en un ciclo segundo

como vuelven las cifras de una fracción periódica;

pero sé que una oscura rotación pitagórica

noche a noche me deja en un lugar del mundo

que es de los arrabales. Una esquina remota

que puede ser del Norte, del Sur o del Oeste,

pero que tiene siempre una tapia celeste,

una higuera sombría y una vereda rota.

Ahí está Buenos Aires. El tiempo que a los hombres

trae el amor o el oro, a mí apenas me deja

esta rosa apagada, esta vana madeja

de calles que repiten los pretéritos nombres

de mi sangre: Laprida, Cabrera, Soler, Suárez...

Nombres en que retumban (ya secretas) las dianas,

las repúblicas, los caballos y las mañanas,

las felices victorias, las muertes militares.

Las plazas agravadas por la noche sin dueño

son los patios profundos de un árido palacio

y las calles unánimes que engendran el espacio

son corredores de vago miedo y de sueño.

Vuelve la noche cóncava que descifró Anaxágoras;

vuelve a mi carne humana la eternidad constante

y el recuerdo ¿el proyecto? de un poema incesante:

«Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras...»

http://www.poesi.as/jlb0504.htm



Bruscamente la tarde se ha aclarado

Porque ya cae la lluvia minuciosa.

Cae o cayó. La lluvia es una cosa

Que sin duda sucede en el pasado.



Quien la oye caer ha recobrado

El tiempo en que la suerte venturosa

Le reveló una flor llamada rosa

Y el curioso color del colorado.



Esta lluvia que ciega los cristales

Alegrará en perdidos arrabales

Las negras uvas de una parra en cierto



Patio que ya no existe. La mojada

Tarde me trae la voz, la voz deseada,

De mi padre que vuelve y que no ha muerto.

http://www.poemas-del-alma.com/la-lluvia.htm



Milonga de tres hermanos

http://www.youtube.com/watch?v=urWiNmaXTOY





Lucas, XXIII









Gentil o hebreo o simplemente un hombre

cuya cara en el tiempo se ha perdido;

ya no rescataremos del olvido

las silenciosas letras de su nombre.



Supo de la clemencia lo que puede

saber un bandolero que Judea

clava a una cruz. Del tiempo que antecede

nada alcanzamos hoy. En su tarea



última de morir crucificado

oyó, entre los escarnios de la gente,

que el que estaba muriéndose a su lado

era Dios y le dijo ciegamente:



Acuérdate de mí cuando vinieres

a tu reino, y la voz inconcebible

que un día juzgará a todos los seres

le prometió desde la Cruz terrible



el Paraíso. Nada más dijeron

hasta que vino el fin, pero la historia

no dejará que muera la memoria

de aquella tarde en que los dos murieron.



Oh amigos, la inocencia de este amigo

de Jesucristo, ese candor que hizo

que pidiera y ganara el Paraíso

desde las ignominias del castigo,



era el que tantas veces al pecado

lo arrojó y al azar ensangrentado.

http://www.cuentosyfabulas.com.ar/2010/02/poema-lucas-xxiii-jorge-luis-borges.html



Buenos Aires

Y la ciudad ahora es como un plano

De mis humillaciones y fracasos;

Desde esta puerta he visto los ocasos

Y ante este mármol he aguardado en vano.

Aquí el incierto ayer y el hoy distinto

Me han deparado los comunes casos

De toda suerte humana, aquí mis pasos

Urden su incalculable laberinto.

Aquí la tarde cenicienta espera

El fruto que le debe la mañana;

Aquí mi sombra en la no menos vana

Sombra final se perderá, ligera.

No nos une el amor sino el espanto;

Será por eso que la quiero tanto.

http://www.redargentina.com/buenosaires/borges.asp



José Emilio Pacheco

Poeta y ensayista mexicano nacido en Ciudad de México en 1939.

Empezó a brillar desde muy joven en el panorama cultural mexicano, gracias a su dominio de las formas clásicas

y modernas y al enfoque universal de su poesía.

Además de poeta y prosista se ha consagrado también como eximio traductor, trabajando como director y editor

de colecciones bibliográficas y diversas publicaciones y suplementos culturales. Ha sido docente universitario

e investigador al servicio de entidades gubernamentales.

Entre sus galardones se cuentan: Premio Nacional de Poesía, Premio Nacional de Periodismo Literario,

Premio Xavier Villaurrutia, Premio Magda Donato, Premio José Asunción Silva en 1996,el Premio Octavio Paz

en el año 2003, el Premio Federico García Lorca 2005, el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda en 2004,

la XVIII edición del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 2009 y el Premio Cervantes en 2009.

De su obra poética se destacan: «Los elementos de la noche» en 1963, «El reposo del fuego» en 1966,

«No me preguntes cómo pasa el tiempo» en 1969, «Irás y no volverás» en 1973, «Islas a la deriva» en 1976,

«Desde entonces» en 1980, «Trabajos en el mar» en 1983, y «El silencio de la luna» poemas de 1985 1996.

http://amediavoz.com/pacheco.htm



El silencio de la luna

El silencio de la luna de José Emilio Pacheco:

Hay en cada poema de José Emilio Pacheco una clara voluntad de iluminar el lenguaje y el mundo por medio de una reflexión moral sobre nuestra condición: sus textos consiguen levantar ?en medio del ruido y el silencio sin sentido- mecanismos cristalinos a través de los cuales podemos ver, sentir y pensar la realidad circundante. La materia, la inteligencia y la sensibilidad se nos aparecen, así, en esta escritura ejemplarmente equilibrada, en todas sus dimensiones: junto a la tragedia y el desgarramiento, la irrisión y la ironía ácida del poder y el cinismo; al lado de la acezante violencia y de la impermanencia, el fulgor de la hermosura que en su fragilidad alimenta su fuerza y su presencia y nos acerca, acaso, a algo semejante a la salvación. Cada tema contiene su contratema y en el roce de ambos surge la chispa de la intuición poética para unirlos, separarlos, lanzarlos más allá de sus identidades cambiantes; las palabras que los recogen y los expresan en El silencio de la luna son una lección de transparencia.



Defensor de la ñ

Pacheco había sido calificado como “el eterno candidato” a ese reconocimiento, ya que al menos desde hace un lustro aparecía en las quinielas como uno de los aspirantes.

Finalmente, y el mismo año que recibió el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, José Emilio fue reconocido con el Cervantes, algo que hace dos semanas, cuando visitó Madrid para recibir el citado reconocimiento, veía como una posibilidad “remotísima”.

Incluso el pasado domingo, en el homenaje que recibió en la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, Pacheco explicó que no tenía ninguna posibilidad de ser premiado y que ya pensaba que una vez terminada su cita en ese encuentro editorial se dedicaría a su escritura después de un año de numerosos compromisos, entrevistas y viajes.

El representante de la Real Academia de la Lengua Española (RAE) en el jurado, José Antonio Pascual, justificó así la concesión del galardón: “A José Emilio Pacheco lo hemos definido como el idioma entero. Es un poeta excepcional de la vida cotidiana, con una profundidad y una libertad en sus pensamientos, una capacidad para crear un mundo propio, un distanciamiento irónico de la realidad cuando es necesario y un uso lingüístico como este de la ñ que es impecable.”

El académico se refería a su poema Defensa de la ñ, publicado en el poemario De siglo pasado (desenlace), del año 2000, que fue leído por la ministra de Cultura española, Ángeles González-Sinde, para explicar con este breve texto la razón de la elección.

El poema señala: “Este animal que gruñe con eñe de uña/ es por completo intraducible/ Perdería la ferocidad de su voz/ y la elocuencia de sus garras/ en cualquier lengua extranjera”.

Entre los miembros del jurado se encontraban los escritores españoles Luis García Montero y Almudena Grandes, el argentino Juan Gelman –ganador del premio Cervantes en 2007–, la novelista Soledad Puértolas en su calidad de emisaria del Instituto Cervantes, la representante de la Unión de Universidad de América Latina, María Águeda Méndez; Pedro García Cuartango, de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España; Ana Villarreal, por la Federación Latinoamericana de Periodistas; David Gíes, por la Asociación Internacional de Hispanistas, y Jaime Labastida, representante de la Academia Mexicana de la Lengua.

http://www.jornada.unam.mx/2009/12/01/index.php?section=cultura&article=a04n1cul



Prehistoria

http://www.youtube.com/watch?v=7ZmaeKZ0RTs



Julio Cortázar nació en Bruselas el 26 de Agosto de 1914, de padres argentinos. Llegó a la Argentina a los cuatro años. Paso la infancia en Bánfield, se graduó como maestro de escuela e inició estudios en la Universidad de Buenos Aires, los que debió abandonar por razones económicas. Trabajó en varios pueblos del interior del país. Enseño en la Universidad de Cuyo y renunció a su cargo por desavenencias con el peronismo. En 1951 se alejó de nuestro país y desde entonces trabajó como traductor independiente de la Unesco, en París, viajando constantemente dentro y fuera de Europa. En 1938 publicó, con el seudónimo Julio Denis, el librito de sonetos ("muy mallarmeanos", dijo después el mismo) Presencia. En 1949 aparece su obra dramática Los reyes. Apenas dos anos después, en 1951, publica Bestiario: ya surge el Cortázar deslumbrante por su fantasía y su revelación de mundos nuevos que irán enriqueciéndose en su obra futura: los inolvidables tomos de relatos, los libros que desbordan toda categoría genérica (poemas-cuentos-ensayos a la vez), las grandes novelas: Los premios (1960), Rayuela (1963), 62/Modelo para armar (1968), Libro de Manuel (1973). El refinamiento literario de Julio Cortázar, sus lecturas casi inabarcables, su incesante fervor por la causa social, hacen de él una figura de deslumbrante riqueza, constituída por pasiones a veces encontradas, pero siempre asumidas con él mismo, genuino ardor. Julio Cortazar murió en 1984 pero su paso por el mundo seguirá suscitando el fervor de quienes conocieron su vida y su obra.

http://www.literatura.org/Cortazar/Cortazar.html



Historias de cronopios y de famas es una obra surrealista del escritor argentino Julio Cortázar. En la obra se distinguen tres tipos de seres por sus actitudes, ellos son los cronopios que corresponden a los seres que se encuentran al margen de los sucesos descritos por él, como los poetas y los asociales, los "famas", muy distintos de los cronopios, seres importantes y formales que defienden el orden establecido (presidentes, magistrados etc.) Finalmente tenemos a los "esperanza" que son personajes intermedios que se dejan llevar tanto por cronopios como por famas. Esta obra se caracteriza esencialmente por ser escrita a base de viñetas, cuentos cortos y con un surrealismo que conlleva al desarrollo de la imaginación.

Cortázar en este libro, sobre todo en la cuarta y última parte, describe a los actores sociales de su época. La clase alta, la burguesia argentina de los años 50-60, es representada por los famas. Existe en todo esto un juego con el sentido de las palabras ya que la última parte tiene como subtítulo, "Fase mitológica". Las Famas eran seres alados que se encargaba de dispersar las malas noticias. Los cronopios, en su nombre crono- tiempo, pueden ser entendidos como la clase media argentina de esa época. Quieren imitar a los famas, pero son mediocres, quieren que sus hijos sean de sangre de fama, pero lo educan como cronopios. Eugenesia, es un cuento que revela ese aspecto. Mientras que los esperanzas representan las clases bajas de la sociedad, a la espera. Vale recordar que la esperanza es lo único que queda dentro de la caja cuando escapan de ella los males en el mito de pandora. Pero lo que es un mal es la espera, su apatismo. Mientras los famas bailan Tregua Tregua los cronopios y los esperanzas bailan ESPERA, que es el baile de ellos, y se enojan mucho por las raras costumbres de los famas.

http://es.wikipedia.org/wiki/Historias_de_cronopios_y_de_famas



Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.



Instrucciones para dar cuerda al reloj

Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.

¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.

http://www.lainsignia.org/2001/enero/cul_030.htm



Pérdida y recuperación del pelo

Para luchar contra el pragmatismo y la horrible tendencia a la consecución de fines útiles, mi primo el mayor propugna el procedimiento de sacarse un buen pelo de la cabeza, hacerle un nudo en el medio y dejarlo caer suavemente por el agujero del lavabo. Si este pelo se engancha en la rejilla que suele cundir en dichos agujeros, bastará abrir un poco la canilla para que se pierda de vista.

Sin malgastar un instante, hay que iniciar la tarea de recuperación del pelo. La primera operación se reduce a desmontar el sifón del lavabo para ver si el pelo se ha enganchado en alguna de las rugosidades del caño. Si no se lo encuentra, hay que poner en descubierto el tramo de caño que va del sifón a la cañería de desagüe principal. Es seguro que en esta parte aparecerán muchos pelos, y habrá que contar con la ayuda del resto de la familia para examinarlos uno a uno en busca del nudo. Si no aparece, se planteará el interesante problema de romper la cañería hasta la planta baja, pero esto significa un esfuerzo mayor, pues durante ocho o diez años habrá que trabajar en algún ministerio o casa de comercio para reunir el dinero que permita comprar los cuatro departamentos situados debajo del de mi primo el mayor, todo ello con la desventaja extraordinaria de que mientras se trabaja durante esos ocho o diez años no se podrá evitar la penosa sensación de que el pelo ya no está en la cañería y que sólo por una remota casualidad permanece enganchado en alguna saliente herrumbrada del caño.

Llegará el día en que podamos romper los caños de todos los departamentos, y durante meses viviremos rodeados de palanganas y otros recipientes llenos de pelos mojados, así como de asistentes y mendigos a los que pagaremos generosamente para que busquen, separen, clasifiquen y nos traigan los pelos posibles a fin de alcanzar la deseada certidumbre. Si el pelo no aparece, entraremos en una etapa mucho más vaga y complicada, porque el tramo siguiente nos lleva a las cloacas mayores de la ciudad. Luego de comprar un traje especial, aprenderemos a deslizarnos por las alcantarillas a altas horas de la noche, armados de una linterna poderosa y una máscara de oxígeno, y exploraremos las galerías menores y mayores, ayudados si es posible por individuos del hampa, con quienes habremos trabado relación y a los que tendremos que dar gran parte del dinero que de día ganamos en un ministerio o una casa de comercio.

Con mucha frecuencia tendremos la impresión de haber llegado al término de la tarea, porque encontraremos pelo (o nos traerán) pelos semejantes al que buscamos; pero como no se sabe de ningún caso en que un pelo tenga un nudo en el medio sin intervención de mano humana, acabaremos casi siempre por comprobar que el nudo en cuestión es un simple engrosamiento del calibre del pelo (aunque tampoco sabemos de ningún caso parecido) o un depósito de algún silicato u óxido cualquiera producido por una larga permanencia en una superficie húmeda. Es probable que avancemos así por diversos tramos de cañerías menores y mayores, hasta llegar a ese sitio donde ya nadie se decidirá a penetrar: el caño maestro enfilado en dirección al río, la reunión torrentosa de los detritos en la que ningún dinero, ninguna barca, ningún soborno nos permitirán continuar la búsqueda.

Pero antes de eso, y quizá mucho antes, por ejemplo a pocos centímetros de la boca del lavabo, a la altura del departamento del segundo piso, o en la primera cañería subterránea, puede suceder que encontremos el pelo. Basta pensar en la alegría que eso nos producirá, en el asombrado cálculo de los esfuerzos ahorrados por pura buena suerte, para escoger, para exigir prácticamente una tarea semejante, que todo maestro consciente debería aconsejar a sus alumnos desde la más tierna infancia, en vez de secarles el alma con la regla de tres compuesta o las tristezas de Cancha Rayada.

http://www.patriagrande.net/argentina/julio.cortazar/historias.de.cronopios.y.de.famas/perdida.y.recuperacion.del.pelo.htm

miércoles, 1 de septiembre de 2010

José Manuel Arango

nació en Carmen de Viboral, Antioquia, en 1937. Fue profesor de Lógica simbólica en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Antioquia durante casi tres décadas. Cofundador y coeditor de las revistas Acuarimántima y Poesía, de Medellín, e Imago de Copacabana. Premio Nacional de Poesía por reconocimiento Universidad de Antioquia, en 1988.

Escribe una poesía rigurosa y elaborada. En sus primeros libros la temática se centró en el erotismo. "Es el precursor de una poesía erótica de alto aliento, no frecuentada en Colombia con tanta intensidad", escribe Fernando Ayala Poveda. Y agrega: "Su exploración metafísica no cae en la gratuidad: aproxima al hombre frente a los interrogantes de la noche: madre nodriza de la muerte, el recuerdo, lo nocturnal del alma humana. Se emparenta aquí con Novalis. Su lírica breve tiene un universo por construir con ahínco". Casi toda su obra se compone de poemas cortos que recogen, de un lado, un enorme acervo cultural, y de otro, una sensibilidad que se expresa en monólogos y en alusiones herméticas.

Sobre su obra, el escritor Luis Germán Sierra escribió: "La poesía de José Manuel Arango, como toda obra auténtica, nace de la pretensión casi inexistente de escribir una gran obra y tiene su asentamiento primordial en las pequeñas cosas que rodean una vida cualquiera en cualquier lugar del mundo. Ello le da, además de autenticidad, un valor universal a su arte, reservándonos la complejidad —además de manido tópico— de ese término, pero entendiendo sin complejos que esta obra ya va muy lejos de un alcance meramente local y sobrevuela con soltura aires de otros territorios, pluralísimas significaciones".

http://caribe.udea.edu.co/~hlopera/La_Palabra_Viva/jma.html



De, Este lugar de la noche; poema XX

http://www.youtube.com/watch?v=DR56Psb9bZ8



HAY GENTES QUE LLEGAN PISANDO DURO





Hay gentes que llegan pisando duro

que gritan y ordenan

que se sienten en este mundo como en su casa



Gentes que todo lo consideran suyo

que quiebran y arrancan

que ni siquiera agradecen el aire



Y no les duele un hueso no dudan

ni sienten un temor van erguidos

y hasta se tutean con la muerte

Yo no sé francamente cómo hacen

cómo no entienden





http://ingenieria.udea.edu.co/~marthac/poesia/jose_poemas.html



Jorge Zalamea

(Santafé de Bogotá, 1905 - 1969) Escritor, ensayista, poeta y diplomático colombiano. Realizó sus estudios en el Gimnasio Moderno y en la Escuela Militar, después de lo cual, formó parte del grupo Los Nuevos, que buscaba renovar la literatura y la política colombianas. Unido a una compañía de comediantes, viajó por Centroamérica durante los años 1926 1927, y luego pasó a España, Francia e Inglaterra.

(Santafé de Bogotá, 1905 - 1969) Escritor, ensayista, poeta y diplomático colombiano. Realizó sus estudios en el Gimnasio Moderno y en la Escuela Militar, después de lo cual, formó parte del grupo Los Nuevos, que buscaba renovar la literatura y la política colombianas. Unido a una compañía de comediantes, viajó por Centroamérica durante los años 1926 1927, y luego pasó a España, Francia e Inglaterra.

A su regreso a Colombia ocupó algunos cargos públicos bajo el gobierno de Alfonso López Pumarejo tales como, secretario del ministerio de Educación, director de la comisión de Cultura Aldeana, secretario general de la Presidencia de la República. En el campo diplomático realizó funciones de embajador en México e Italia y, en calidad de secretario del Consejo Mundial de la Paz, recorrió entre 1952 y 1959 Europa, Medio Oriente y la India. Ganó en Cuba el premio Casa de las Américas (1965) con su obra La poesía ignorada y olvidada, y en 1968 recibió el Premio Lenin de la Paz.

Jorge Zalamea es considerado como el escritor más polémico de su época. Tuvo una interpretación muy característica de la cultura y del quehacer del intelectual, según la cual, las cuestiones fundamentales de la cultura no se cierran en el orden ideal y superior del espíritu, sino que son de índole social y están ligadas íntimamente a los asuntos materiales, como la tenencia de la tierra, el trabajo, la propiedad privada.

La cultura, según él, no consiste en especulaciones filosóficas traducidas del alemán, sino en garantizar autonomía económica a los ciudadanos, hacerlos responsables de su vida y propiedad y darles ocasión de que se gobiernen a sí mismos como hombres libres. Porque "un pueblo económicamente enfermo no puede producir cultura". Creía indispensable la creación de una literatura más afín con el gusto de las masas, y se esforzó por rescatar el contacto perdido entre el escritor y el pueblo.

En su producción literaria se pueden distinguir obras poéticas como La metamorfosis de su Excelencia (1949, poema de temática política, en donde imagina el drama de un dictador que toma conciencia de su crueldad); El gran Burudún-Burundá ha muerto (1952, otro poema sobre la tiranía, quizás el más apreciado de toda su obra); El sueño de las escalinatas (concebido inicialmente a orillas del Ganges, en la India, en 1957, pero que vio la luz definitiva en 1964; en él la miseria del pueblo se enfrenta al colonialismo imperialista en contra del cual se entabla un proceso).

http://www.biografiasyvidas.com/biografia/z/zalamea.htm



El sueño de las escalinatas

1

Como los lectores de libros sacros, los pregoneros de milagrerías y los loteadores de paraísos y nirvanas, también yo he de sentarme de espaldas al Río, frente a las escalinatas plagadas de creyentes y obsedidas de dioses vivos y muertos; frente a los Templos de ladrillo y cobre sobre cuyas escamas la luz hierve y crepita; bajo los empinados Palacios en cuyas azoteas cunde la algarabía de los monos.

También yo he de llamar a los creyentes para que formen corro en torno mío, y me escuchen.

Pero no he de leerles milagros de dioses, ni hazañas de héroes, ni amores de príncipes, ni prover-bios de sabios. Pues respondiendo a lo que viera el ojo, el duro brazo de la cólera arrebató el libro abierto sobre mis rodillas y los destrozó contra el viento. Y ahora el viento dispersa sus hojas sobre el Río, como ahuyenta el huracán a una bandada de pájaros de mal agüero.

¡Ah! he repudiado el libro.

He abolido los libros.

Sólo quiero ahora la palabra viva e hiriente que, como piedra de honda, hienda los pechos y, co-mo el vahoroso acero desenvainado, sepa hallar el camino de la sangre. Sólo quiero el grito que destro-ce la garganta, deje en el paladar sabor de entraña y calcine los labios profirientes. Sólo quiero el len-guaje del que se hace uso en las escalinatas.

Pues tengo el designo, ¡oh, creyentes!, de abrir audiencia aquí, sobre las escalinatas, de espaldas al Río, frente a los Templos y bajo los Palacios.

Designio de incoar un proceso - el vuestro -; de armar un alegato - el vuestro -; de reanudar, fo-mentar y dirimir la más antigua querella - la vuestra.

Apelo a vosotros, ¡creyentes! Necesito de vosotros y de todos los seres de condición contradicha.

He aquí, pues, mis citaciones a esta audiencia:

En primer término, cito a los hongos humanos que proliferan sobre las escalinatas o agonizan en ellas:

Esculturas vivientes, gesticulantes y gimientes que abren avenida hacia la abierta sala de nuestra audiencia:

El adolescente epiléptico que hace precipitar el ritmo de las plegarias con su alarido de entusias-mo y su bramar de espanto;

el enano que salmodia su irreparable mendicidad bajo el lujo su enorme turbante amarillo;

el paralítico que, con sus tablillas ambulatorias, remeda sobre la sorda piedra la invitación de las castañuelas a la danza;

la leprosa que, mendicante, púdica, coqueta, desesperada, exasperada, cierra o hace flotar el vuelo violeta de su manto sobre su desleída carne gris;

el niño que pone al sol los coágulos azulencos de sus ojos descompuestos;

el hermoso mozo mutilado por sus propios padres para que la muda y nuda plegaria de sus mu-ñones le garantice el pan de cada día;

el demente,

el sifilítico,

el calenturiento,

el idiota,

el varioloso,

el pianoso,

el tiñoso,

el sarnoso,

el caratoso,

el tuberculoso,

y toda la horda innumerable de los consuntos.

Que vengan aquí, que se acuclillen en primera fila, muy cerca de mí para que su yerta brasa haga borbollar las palabras en mi pecho hasta que broten de él lenguas de fuego.

Pues quiero desatar un gran incendio.

Doy luego precedencia en mis invitaciones a las gentes que viven un poco más allá de las escali-natas, detrás de los Templos y los Palacios:

las muchachas que acarrean las arenas y reciben en pago de su afán minúsculas hojuelas de esta-ño;

los vendedores de leños para las piras funerarias;

los vendedores de tierras de colores para los tatuajes de la casta y el rito;

los vendedores de rosarios de sándalo, nueces o vidriería, que amansan la ira e inoculan la resig-nación;

las niñas que venden guirnaldas para adornar las esquivas gargantas del Río;

las niñas que venden diminutas almadías de paja con dos velillas encendidas para ofrendar al Río;

las solitarias abuelas varicosas que exponen con tímido orgullo, sobre un pingajo de saco, seis nueces, cuatro pimientos rojos y un mango marchito;

los escribanos que copian la letanía de las miserias iletradas; de la madre que busca al hijo para que le dé un sudario; de la niña abandonada que no quiere perder el cielo del pecho de su amante; del jornalero que clama contra una justicia de expropiadores;

los vendedores de tortillas;

los vendedores de especias;

los vendedores de hojas de batel;

los vendedores de buñuelos en que arraciman las abejas;

los vendedores de emplastos;

los vendedores de pájaros;

los vendedores de bálsamo y laxantes;

los vendedores de ceniza;

los vendedores de sal;

los vendedores de agua...

¡OH delirante confusión del comercio de las cosas nimias y necesarias! El comerciante cuenta en fracciones de céntimo sus ganancias y el comprador irrita su propia hambre con un puñadito de garban-zos o recontados granos de arroz.

Que abran el parque de los profetas y los dejen venir hasta mí, con sus salientes ojos alucinados, sus arremolinadas greñas, sus barbas cundidas de piojos y sus inciertas piernas de abrios de Dios. Que los dejen llegar hasta nosotros, pues necesitamos su testimonio. Su demencia corrobora nuestra razón y sus palabras nuestro designio.

¡Crece, crece la audiencia! Hay ya silbos de llama en la brasa.

¡Que vengan también el herborista y el sacamuelas; el botero y el guía; el alfarero y el tejedor de mimbre; el astrólogo y el sastre; el homeópata y el acumputurista...

que vengan las mujeres que trituran las piedras al borde de las carreteras;

los ancianos que rasuran el vello amarillo de la tierra cercana;

el niño tuerto que teje los saríes de púrpura y de oro;

los hombres que tiran de los carros cargados de grandes vasijas de gres;

los encantadores de serpientes;

los colectores de boñiga;

los cornacas;

los hombres que cuidan de los monos en los templos olorosos a orina y benjuí;

los remendones de babuchas;

los pastores adolescentes de jabalíes y búfalos;

los barberos que, en cuclillas, rasuran y tonsuran a sus clientes entre las ruedas locas de los ricks-haws;

los mozos de tiro de los rickshaws;

los ganímedes de leche de coco;

los trenzadores de cuerdas;

los basureros y los recogedores de colillas;

los esquiladores y cardadores;

los camelleros y burreros;

los poceros y los pregoneros;

los estafetas y las plañideras;

la mujer que tuesta los garbanzos;

la que cuece el arroz;

la que sabe parar los flujos;

la que maquilla a la niña impúber;

la casamentera y la amortajadora;

los que baten el cobre, los que graban el cobre, los que nielan el cobre...

y los incineradores de cadáveres,

¡y las parteras de la miseria recién parida!

¡Oh lancinante algarabía de los humildes menesteres! Y de los bajos oficios. ¡Oh inacabable ne-cesidad de las manos que ofrecen su trabajo! ¡Oh codicia fatal de las manos que reciben el trabajo!

¡Crece, crece la audiencia!

Que vengan todas las gentes de sudor y de pena de Benares, y me den todas ellas su venia para ci-tar a los campesinos rebeldes de Hayderabad;

a los artesanos maldicientes de Jaipur;

a los tasadores de basuras de Bombay;

a los pescadores acongojados de Madrás;

a los pastores de Cachemira;

a los choferes de Delhi;

a los tejedores del Deccan;

a los leñadores del Punjab;

a los colectores de cadáveres de Calcuta...

Que vengan todas las gentes de sudor y de pena de la India, pues plantearemos un gran pleito y fomentaremos una gran querella con su asentimiento y testimonio.

La audiencia es entre el Río y los Templos; sobre las escalinatas y bajo los Palacios. Sin es-perar la tarde: bajo el colérico sol que denuncia hasta el hongo en la axila del notable.

http://www.tubreveespacio.com/poemas-01feb07/el%20sueno%20de%20las%20escalinatas.htm